La inconsciencia de la migración

Cuando vemos que se necesita que masacren a inocentes connacionales en otro país, tratando de alcanzar un sueño que probablemente sea una pesadilla, y que esta se convierte en la nota roja de los diarios continentales, es cuando vemos qué inoportuna resulta toda retórica anterior y que todas las propuestas y programas que tratan por todos los medios de que los guatemaltecos alcancen aquí sus destinos y derroteros son insuficientes. Es entonces cuando nos preguntamos para qué se publican los estados calamitosos en que se encuentra un 40% de la población guatemalteca. ¿Tan poca cosa vale un guatemalteco que solo es unas pequeñas líneas de los periódicos sin que nuestra conciencia se mueva un milímetro?

Esta vez ya sabemos que son utilizados para pasar drogas, que son vendidos como esclavos, que son esquilados hasta donde sea posible los migrantes centroamericanos, pero ¿y los otros, los que quedan, los que se pierden en el anonimato de la ignorancia, los que borran del mapa por el disparo de un patriota que salva su pedazo de tiempo, el minute man ? Esos también son responsabilidad nuestra y no entendemos que sin nuestra ayuda y apoyo seguirán muriendo y seguiremos creando una atmósfera insensible de inconsciencia y vergüenza.

Guatemala necesita urgentemente de ser comprendida por los propios guatemaltecos. Necesita de ser entendida en su totalidad y complejidad, como parte de lo que se puede desa­rrollar legítimamente y que se está muriendo por falta de atención de la otra parte de chapines que parecieran estar destinados a vivir parasitando un pueblo que trabaja y en silencio sobrevive a sus necesidades sin un futuro que prometa solventarlas.

Esta es la calamidad de nuestras comunidades, esa falta de apoyo de todas las otras partes que conforman la nación de Guatemala y cuya actuación es imperiosa para que sobrevivamos con todas las riquezas humanas que tenemos.

Es necesario que desarrollemos lo rural, no a la manera de los siglos pasados, cuando se hizo de esos lugares del altiplano y de algunos del suroriente espacios para el latrocinio y la explo­tación, sino, contrariamente, pensando en una forma más equitativa y real, sabiendo que si esa parte de Guatemala perece todos dejaremos de existir.

Ahora se nos hacen presentes porque el crimen fue realizado en el extranjero y el mundo se voltea ante tal situación y la califica. Pero ¿y nuestros campos llenos de gente joven que necesita ser guiada y llevada a su desarrollo? ¿Y tanta gente que si tuviera un poco más de los necesario cambiaría nuestra forma de ver el mundo?

Esa es la responsabilidad de estas naciones y esa la urgencia de su respuesta. Tenemos que comprender que lo que llamamos rural, o cuasi urbano, debe ser cambiado radicalmente y tenemos que construir un fututo en sus comunidades. De lo contrario sucumbiremos a la desaparición.

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