Identidad Colonizada




¿Qué palabra prefiere para expresar su identidad? Cuando alguien le pregunta a qué grupo étnico pertenece, cuál es el término con el que se siente más cómodo para identificarse.

Por lo general, las palabras que la mayoría de guatemaltecos preferirán tienen más relación con lo que niegan ser, que con una identidad segura y orgullosa.

Pero todas esas palabras que usamos trivialmente, como mestizo, ladino, blanco y criollo, han evolucionado de acuerdo con la historia de nuestro país y de sus procesos de formación de nación y ciudadanía. Historia caracterizada por distintas etapas de colonialismo a las que el lenguaje se acomoda.

Veamos, por ejemplo, la palabra “ladino” que ha sido la más usada para identificarnos. Antonio Batres Jáuregui, en su diccionario de provincialismos de Guatemala de 1892, dice que “ladino significa en castellano antiguo el que hablaba alguna lengua extraña, además de la propia; y de ahí vino que se diese el nombre de ladino al indio que hablaba español, y que tenía ya las costumbres de la raza conquistadora.

Hoy se llaman ladinos a los nativos de estos países que hablan castellano y que no tienen el traje ni las costumbres de los indios”.

Años más tarde, en su Diccionario de Guatemaltequismos, de 1942, Lisandro Sandoval define “ladino” simplemente como persona mestiza o de raza blanca.

En su última edición, el Diccionario de la Real Academia define “ladino”, con marca para América Central, como mestizo que sólo habla español. En la actualidad, vemos también que se está usando la categoría de “no-indígena”, en lugar de la anteriormente habitual palabra “ladino”.

La ladinización corresponde entonces a un proceso homogeneizador de la identidad guatemalteca, en la que nos caracterizamos por hablar español y por una actitud anti-indígena.

Se trata de un concepto estrecho que intenta negar la complejidad cultural de la sociedad guatemalteca.

Pero siempre hay quienes prefieren identificarse como blancos, aunque su piel sea más bien morena; o como criollos, por el estatus social que les da el hecho de ser descendientes de españoles, no importando si sus antepasados llegaron a Guatemala hace varios siglos. Ambos términos son absurdamente utilizados, porque continúan negando su arraigo al país del cual son originarios.

Esas palabras delatan la urgencia de una definición contemporánea, descolonizadora, de nuestra identidad.

Las constantes críticas a los indígenas por autoidentificarse como mayas, reivindicando sus idiomas y su cultura en la actualidad, no se percatan del avance de un proceso positivo y dignificador de afirmación de la identidad.

Antes de proferir todo tipo de estereotipos racistas, quienes dilapidan contra lo maya deberían notar que se recorre un camino descolonizador al deshacerse de términos como “indios” o “indígenas”, que fueron asignados por extranjeros para nombrar a los pobladores originales de Guatemala y el resto de América durante la conquista y la colonia.

Esa historia de Guatemala, la que delatan las palabras, sigue su curso. Ojalá que los llamados hoy no-indígenas nos decidiéramos a dar un paso más en la construcción de una identidad que podría ser intercultural, e intentáramos transmitir con nuevas palabras lo que somos todos los guatemaltecos.








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